¿Para qué paga predial la ciudadanía?
En un video difundido recientemente, la alcaldesa Cecilia Patrón reconoció algo que millones de litros de agua ya habían dejado claro en las calles: Mérida no cuenta con un sistema de drenaje pluvial como el que existe en otras ciudades del país.
La declaración buscaba explicar las inundaciones registradas durante las lluvias extraordinarias de los últimos días. Sin embargo, terminó abriendo una conversación mucho más incómoda.
Si la ciudad no tiene drenaje, si los problemas de absorción se conocen desde hace años y si cada temporada de lluvias reproduce escenas similares en distintos puntos de Mérida, surge una pregunta legítima para quienes cumplen con sus contribuciones municipales: ¿cuál ha sido el destino de décadas de recaudación predial frente a uno de los problemas urbanos más evidentes de la capital?
En distintos mensajes oficiales también se ha insistido en que la ciudadanía debe colaborar limpiando rejillas, evitando tirar basura y participando en la prevención. Nadie discute esa corresponsabilidad. Lo que empieza a generar molestia es la sensación de que el peso de un rezago histórico termina repartiéndose entre vecinos mientras la discusión sobre la planeación urbana queda en segundo plano.
Mérida de 2026 ya no es la Mérida de los años noventa. La ciudad creció, se expandió hacia todos los puntos cardinales, multiplicó fraccionamientos, desarrollos inmobiliarios y superficie pavimentada. Buena parte de ese crecimiento ocurrió bajo administraciones panistas que impulsaron o permitieron esa expansión.
Por eso la conversación empieza a desplazarse. Ya no se trata únicamente de una lluvia intensa ni de una contingencia aislada. Se trata de saber si la ciudad seguirá enfrentando cada temporada con medidas de emergencia o si finalmente se abrirá una discusión seria sobre infraestructura, planeación hídrica, pavimentos permeables, áreas de infiltración y soluciones adaptadas a la Mérida que existe hoy.


