El Mundial que nunca fue: Cero transmisión, pero el brandeo sigue
Durante meses, el Ayuntamiento de Mérida promovió el Mérida Futbol Fest como una gran experiencia para vivir la Copa del Mundo en comunidad. Hubo anuncios, imagen gráfica, activaciones, promoción institucional y una narrativa completa alrededor del evento deportivo más importante del planeta.
Hoy sabemos que no habrá transmisiones públicas de los partidos.
La explicación oficial apunta a los altos costos de los derechos exigidos por FIFA. Sin embargo, la confirmación deja una pregunta difícil de ignorar:
¿Qué es exactamente lo que el Ayuntamiento pretende que festejemos?
Porque el Mundial ocurre frente a una pantalla. Ahí están los partidos, los goles, la Selección Mexicana, las emociones compartidas y la razón por la que miles de personas se reúnen en plazas, parques y espacios públicos alrededor del mundo.
Si los partidos desaparecen de la ecuación, ¿qué queda del festival?
Queda el nombre.
Queda la imagen.
Queda la promoción.
Queda el branding.
La situación resulta todavía más llamativa porque durante los últimos meses el Ayuntamiento sí encontró recursos para festivales, conciertos, activaciones culturales, eventos masivos y estrategias permanentes de posicionamiento institucional. La falta de presupuesto aparece justamente en el momento en que debía financiarse aquello que daba sentido a toda la iniciativa.
Los derechos de transmisión no aparecieron de sorpresa. Eran conocidos desde antes de que se anunciara el festival. Por eso la discusión ya no gira alrededor de FIFA. Tampoco alrededor de los costos.
La conversación termina regresando a las prioridades.
Porque una ciudad puede entender que algo cuesta dinero.
Lo que cuesta más trabajo entender es cómo se construyó durante meses una fiesta alrededor del Mundial para terminar descubriendo que el Mundial nunca estuvo contemplado dentro de la fiesta.


