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Si no hubo dinero para el futbol, ¿si lo hubo para la propaganda?

Si no hubo dinero para el futbol, ¿si lo hubo para la propaganda?

La explicación del Ayuntamiento fue que transmitir los partidos en espacios públicos resultaba demasiado costoso. Con ese argumento, Mérida se quedó sin la posibilidad de vivir en comunidad uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.

Sin embargo, mientras las pantallas desaparecieron, el Ayuntamiento impulsó una serie de acciones institucionales orientadas a fortalecer la cercanía con la ciudadanía. Activaciones, logística, promoción y la entrega de playeras inspiradas en la selección mexicana, incorporando elementos de identidad municipal, formaron parte de una estrategia que buscó acompañar a las familias meridanas en torno al futbol, en un contexto que también proyecta una narrativa de proximidad con claros fines electorales.

La imagen resume la contradicción. No hubo recursos para que las familias vieran juntas el partido, pero sí para repartir una cantidad no informada de playeras y desplegar una campaña donde la presencia de la administración municipal ocupa el centro de la escena.

Hasta ahora, la ciudadanía desconoce cuánto costaron estas activaciones, cuántas playeras fueron adquiridas con recursos públicos y bajo qué partida presupuestal se financiaron.

La discusión ya no pasa únicamente por la ausencia de transmisiones. También alcanza la forma en que se decidieron utilizar los recursos disponibles. Si el argumento fue la falta de dinero, resulta legítimo preguntar cuánto costó una estrategia de imagen construida alrededor del mismo evento que, según el propio Ayuntamiento, no podía financiarse.