¿Chuburná y Celestún son casos aislados o parte de la misma historia?
Las clausuras en Celestún y la polémica por el desarrollo inmobiliario en Chuburná parecen asuntos distintos. Las empresas son diferentes. Los expedientes también. Sin embargo, ambos casos obligan a revisar algo mucho más importante: las decisiones institucionales que hicieron posible su avance.
Ningún desarrollo aparece de un día para otro. Antes de que lleguen las máquinas existen ordenamientos ecológicos, factibilidades ambientales, manifestaciones de impacto ambiental, licencias municipales y procesos de supervisión. Esa cadena de autorizaciones es la que hoy comienza a quedar bajo escrutinio.
La pregunta ya no es únicamente quién construyó. La discusión empieza a centrarse en cómo se autorizó un modelo de expansión inmobiliaria que hoy acumula conflictos ambientales en distintos puntos de la costa yucateca.
Si Chuburná y Celestún terminan formando parte de una misma cronología de autorizaciones, la conversación dejará de girar alrededor de proyectos aislados. El verdadero debate será sobre el modelo de desarrollo que predominó durante el sexenio de Mauricio Vila y el papel que desempeñaron las instituciones encargadas de evaluar, autorizar y supervisar esos proyectos.
¿Estamos frente a conflictos independientes o apenas comenzamos a ver las consecuencias de un mismo modelo de desarrollo?


