PRIMERO EL SÍMBOLO Y DESPUÉS LA JUSTIFICACIÓN: GALIMATÍAS DE CECILIA
La polémica ya no pasa únicamente por una glorieta o una estela. Empieza a exhibir un método. Con la Glorieta del Truck, la administración de Cecilia Patrón retiró un símbolo que la comunidad ya había hecho suyo. Ahora, con la réplica de la Estela 18 de Uxmal, ocurre algo distinto pero con el mismo origen: el Ayuntamiento decide primero qué quiere colocar y después busca el relato cultural que lo justifique.
La propia alcaldesa explicó el proyecto con una frase reveladora: “Don Pepe, tengo un sueño…”. La anécdota puede servir para una semanera, pero como criterio de política cultural deja más dudas que respuestas. Una intervención permanente en el espacio público debería partir de la historia del lugar, de un diagnóstico, de una necesidad cultural y de una relación clara entre obra y territorio. Aquí parece ocurrir al revés: primero aparece la ocurrencia y después llegan la identidad, la memoria y la ancestralidad para vestirla.
La contradicción crece cuando se habla de “recuperar las raíces mayas de Mérida”. La ciudad fue construida sobre T’hó, una memoria territorial propia que debería ocupar un lugar central en cualquier discusión seria sobre identidad prehispánica. Sin embargo, el nuevo símbolo proviene de Uxmal. El valor de la Estela 18 no está en discusión; lo que falta explicar es por qué esa pieza específica debe convertirse en emblema de la memoria de Mérida.
Ahí aparece el galimatías: identidad maya, ancestralidad, mujeres, memoria, patrimonio y recuperación del espacio público, todo colocado en el mismo discurso para justificar una decisión que debió sostenerse desde el principio con criterios culturales claros. El problema de Mérida Enchula ya no es qué símbolo escoge Cecilia Patrón, sino una gestión que parece decidir primero y argumentar después.


