Mérida sigue contando pozos mientras las calles se inundan
Después de las inundaciones de mayo, el Ayuntamiento de Mérida presentó una Estrategia Integral de Infraestructura Pluvial con pozos, rejillas, aljibes, jardines de lluvia y nuevos sistemas de drenaje. La estrategia existe, las obras también. El problema es que agosto y septiembre volvieron a dejar calles anegadas, vehículos varados y viviendas afectadas.
La administración de Cecilia Patrón presume más de 60 mil rejillas atendidas, más de cuatro mil pozos desazolvados y más de dos mil sistemas de drenaje construidos. Son muchas acciones, pero siguen sin responder la pregunta que realmente importa: ¿cuántos puntos críticos dejaron de inundarse después de esas intervenciones?
Ahí está el señalamiento de la regidora Georgina Piña. Mérida no puede seguir midiendo su política pluvial por la cantidad de pozos limpiados, rejillas atendidas o cuadrillas desplegadas. La medida tendría que ser otra: cuántas colonias dejaron de sufrir inundaciones y cuántas familias ya no tienen que sacar el agua de sus casas cada temporada.
Buena parte de la respuesta municipal continúa llegando cuando el problema ya explotó: bombeo, desagüe de calles, limpieza de rejillas, cuadrillas, reportes y refugios. Todo eso es necesario durante una emergencia, pero también exhibe una lógica que sigue siendo reactiva. Esperar a que el agua suba para decidir dónde intervenir no es prevención.
Mérida ya conoce muchas de sus zonas críticas y tiene antecedentes suficientes para saber dónde se repite el problema. Lo que falta es estudiar cada sector, entender por qué se inunda y aplicar la solución que realmente necesita.
La ciudad puede seguir contando pozos, rejillas y operativos. La verdadera medida de una estrategia pluvial es que las mismas familias dejen de inundarse cada temporada.


