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LA ISLA: LA EXCISTACIÓN PONE EL FOCO EN EL CONTROL DEL AGUA

LA ISLA: LA EXCISTACIÓN PONE EL FOCO EN EL CONTROL DEL AGUA

La presencia de Naegleria fowleri en el lago artificial de Plaza La Isla abre una pregunta científica que va más allá del hallazgo: ¿qué condiciones permitieron que esta ameba sobreviviera y se multiplicara en un cuerpo de agua que debía contar con mantenimiento y tratamiento?

La ameba no aparece espontáneamente. Puede llegar a través del agua, suelo, sedimentos o materia orgánica y, cuando las condiciones se vuelven adversas, adoptar una forma resistente llamada quiste. Si después encuentra calor, alimento y un ambiente favorable, puede regresar a su fase activa mediante un proceso conocido como excistación.

Ahí está la importancia de los controles preventivos. Temperatura elevada, sedimentos, biofilm, poca circulación, bacterias disponibles y niveles insuficientes o irregulares de desinfectante pueden favorecer su supervivencia. Decir que un lago recibe “mantenimiento” no basta: hay que saber qué tratamiento tenía, con qué frecuencia se aplicaba y si realmente mantenía condiciones capaces de impedir la proliferación de microorganismos.

La investigación tendría que revisar las bitácoras de temperatura, pH, desinfección, filtración, recirculación, limpieza, sedimentos y controles microbiológicos. También resulta importante conocer si existían zonas de agua estancada o acumulación de materia orgánica donde un quiste pudiera permanecer protegido hasta encontrar mejores condiciones.

La enfermedad causada por Naegleria fowleri es extremadamente rara, pero su alta letalidad vuelve indispensable la prevención. En un ecosistema artificial, la seguridad depende precisamente de evitar que un microorganismo ambiental encuentre el ambiente adecuado para activarse y crecer.

La pregunta ya no es solamente cómo llegó la ameba a La Isla. La pregunta es qué permitió que permaneciera allí y, eventualmente, pasara por excistación dentro de un sistema que debía estar bajo control.